Relato de Coraje Silencioso: "El Papel Amarillo"
✨ El papel amarillo
Un relato de coraje silencioso
Aitana nunca fue de muchas palabras. Era de esas chicas que pasaban desapercibidas en los pasillos del instituto: notas decentes, grupo pequeño de amistades, mirada serena y una timidez que a veces se confundía con frialdad. Pero lo que pocos sabían era que Aitana observaba todo , y cuando hacía algo… lo hacía con el corazón.
En segundo de la ESO, justo después del recreo, se encontró con una escena que marcaría su vida para siempre.
Era jueves. Ella había salido al pasillo porque se sentía agobiada durante la clase de matemáticas. Caminó hasta los baños del fondo, los menos transitados. Al empujar la puerta, escuchó un sollozo contenido. Al principio pensé que era alguien hablando por teléfono, pero pronto lo vio.
Un chico nuevo —Tomás, lo recordaba de las presentaciones de septiembre— estaba agachado junto al lavamanos. Tenía la camiseta de educación física arrugada sobre las piernas. En ella, con rotulador negro, alguien había escrito la palabra “rarito”. Había otras frases más crudas, pero esa era la que se repetía. La tinta seguía fresca.
Aitana no dijo nada. No lo invadió con preguntas. Solo sacó su estuche, arrancó un pequeño papel amarillo de su cuaderno de apuntes, escribió algo con su letra apretada y lo dejó a su lado, sin hacer ruido. Salió del baño sin que Tomás levantara la cabeza.
En el papel decía:
"Si necesitas hablar, escribe SÍ detrás de este papel y déjalo debajo de mi pupitre (fila 3, silla 4). Estoy aquí".
Aitana no esperaba respuesta. Tal vez él lo tiraría. Tal vez la olvidaría. Pero al día siguiente, en el primer recreo, encontró el mismo papel amarillo doblado bajo su carpeta. En la parte de atrás, con letra temblorosa, alguien había escrito:
“SÍ. Gracias”.
Ese mismo día, se sentaron en el banco más alejado del patio. Tomás le contó lo que llevaba semanas soportando: comentarios hirientes sobre su forma de caminar, imitaciones crueles, susurros en los pasillos. Y todo, por rumores sobre su orientación sexual que ni él mismo tenía claros.
Aitana no tenía respuestas mágicas, pero sí sabía una cosa: callarse no era opción . Lo acompañó a hablar con la orientadora del centro. Juntos relataron lo ocurrido, enseñaron la camiseta y los nombres salieron sin miedo.
El instituto actuó. Se activó el protocolo, se llamaron a las familias y se tomaron medidas. Pero más allá de lo institucional, ocurrió algo más importante: Tomás dejó de sentirse solo. Y eso, para un adolescente al borde del abismo, puede ser la diferencia entre seguir… o rendirse.
Pasaron los años. Aitana siguió su camino: terminó el bachillerato, estudió Psicología y hoy trabaja con adolescentes en riesgo emocional. No volvió a ver a Tomás, pero jamás olvidó su historia.
Hasta que un día, revisando su correo, encontró un mensaje con el asunto:
“Gracias por el papel amarillo”
Era él. El mismo chico que lloraba en el baño ahora era estudiante de Trabajo Social y hacía prácticas en un centro juvenil. El mensaje era breve, pero bastaba con una frase:
"Ese día yo pensaba que ya no había nadie que me mirara como persona. Tú lo hiciste sin decir una palabra. Y eso me salvó."
💬 Reflexión final
A veces, los gestos más pequeños tienen el poder de romper las cadenas del silencio . No necesitas ser el más fuerte del grupo, ni el más popular. Solo necesitas mirar, sentir… y actuar.
En un mundo donde el acoso sigue escondido en los pasillos, en los chats de grupo y en las miradas que esquivan, ser valiente no siempre significa enfrentarte a gritos al agresor. A veces, ser valiente es escribir “estoy aquí” en un papel amarillo.
Tú puedes ser Aitana.
Tú puedes ser la persona que alguien necesita para no rendirse.
Porque cuando alguien se atreve a ver... comienza el verdadero cambio.
📌 Si esta historia te ha tocado el corazón, guárdala, compártela y sígueme para leer más relatos como este en mi blog Rompiendo el Silencio contra el Bullying .
🎙️ Cada historia puede abrir una conversación, cada conversación puede salvar una vida.


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